Aportando luces contra el COVID19 (Parte 1)

En las últimas semanas, muchos profesionales hemos sido invadidos con promociones que vienen de China, en donde nos ofrecen una especie de linternas dotadas de luz ultravioleta tipo C (UV-C). Dichos productos se nos presentan como la panacea para desinfectar nuestros objetos y estancias, para dejarlos libres de virus y bacterias, puesto que afirman que la radiación UV-C es capaz de desintegrar estos microorganismos. Y esto es cierto, pero con matices.

Además, muchos de ellos tratan de vender este producto afirmando o dejando entrever que este tipo de emisión es capaz de eliminar el COVID19, pero lo cierto es que queda mucho camino que explorar para afirmar esto categóricamente.

Lo que nos ha llevado a redactar este post es el creciente interés, y además desconocimiento, de nuestros clientes por este tipo de producto. Pero sobre todo, el hecho de hacer una llamada a la precaución a todos aquellos que se han planteado la compra de dispositivos de este tipo, ya que la implicación en materia de seguridad que conlleva es muy importante.

Para empezar y poder entrar en materia más profunda, queremos hacer un resumen rápido sobre los conceptos básicos de los diferentes tipos de luz ultravioleta existente, para que nuestros lectores puedan tener un punto de partida sobre el que formarse una opinión.

Pero… ¿Qué es la luz ultravioleta?

Se llama luz, o mejor, radiación ultravioleta (o UV) a la parte de radiación electromagnética cuya longitud de onda se encuentra entre los 100 nm y los 400 nm. Su nombre se debe a que las longitudes de onda más cortas son las que los humanos identificamos como el color violeta (límite de los 400nm), aunque en realidad dicha luz o longitud de onda, es invisible al ojo humano al estar por encima del espectro visible.

La luz ultravioleta se divide en distintos rangos dependiendo de la longitud de onda de la luz emitida. Es esta característica precisamente la que determina su capacidad de penetración en la piel y afectación a las estructuras proteicas celulares.

Existen 4 niveles de ultravioletas:

  • UV-A (longitud de onda 315-400 nm)

Se trata del rango UV más utilizado y sus aplicaciones son muy amplias. Quizás la más conocida es la de su uso como “luz negra” de decoración utilizada en bares y discotecas. Pero existen múltiples aplicaciones que posiblemente no conocían:

Curado de pegamentos y adhesivos. Creación y observación de efectos fluorescentes: Revelado de signos de falsificación de moneda, detección de sangre, y la citada luz negra …etc.

Los valores de pico más utilizados son:

395nm: opción más económica pero menos especializada, utilizada para aplicaciones que buscan una relación calidad-precio equilibrado.

365nm: longitud de onda óptima para el resalte de la luz. Normalmente más utilizada en aplicaciones industriales donde se busca mayor efectividad.

La radiación UVA compone el 95% de la radiación ultravioleta que llegan a la superficie de la piel desde el sol.

 

  • UV-B (longitud de onda 280-315 nm)

La radiación UVB constituye el 5% de la radiación ultravioleta que llega a la tierra. Tiene mucha energía, pero la capa de ozono y las nubes pueden filtrarla. Es la responsable del bronceado, pero también de las quemaduras (quemaduras del sol), de las reacciones alérgicas y de los cánceres de piel, ya que es capaz de penetrar en la epidermis.

Sin embargo, paradójicamente, su aplicación principal es la de la curación de problemas dermatológicos y cutáneos, ya que también es capaz de retrasar el crecimiento anormal de las lesiones de la piel: dermatitis atópica, psoriasis, etc.

El valor pico más utilizado es el de 310-315nm

 

  • UV-C (longitud de onda 200-280 nm)

La radiación UV-C es el espectro más dañino para los seres vivos. Aplicado a pequeños cuerpos (como bacterias, gérmenes y virus) es capaz de destruir sus cadenas de ADN y ARN, por ello su aplicación principal es la de germicida y desinfección. En los seres humanos, es capaz de producir quemaduras y daños importantes en piel y ojos, con un pequeño tiempo de exposición, y es lo que la hace altamente peligrosa.

En la naturaleza, el sol también emite este rango de luz UV, pero normalmente es absorbida completamente por el ozono y el oxígeno de la atmósfera. Por lo tanto, las radiaciones UV-C de que disponemos son producidas artificialmente por el hombre.

Existen múltiples áreas donde la desinfección puede llevarse a cabo de forma segura y efectiva, como:

  • Desinfección de agua: piscinas, acuarios, potable, etc.
  • Aire: en conductos de aire acondicionado, para acabar con los hongos y bacterias.
  • Objetos y superficies: herramientas e instrumental quirúrgico y dental, envases, zonas asépticas, etc.

El valor pico de máxima efectividad se estima entre 265-270nm.

 

  • UV-V (longitud de onda 100-200 nm)

Este rango de ultravioleta, únicamente se transmite a través del vacío. Es la menos popular y se utiliza para aplicaciones químicas y de oxidación.

 

OK, luz UV entendida… ahora, ¿qué lámparas la emiten?

 En lo que a los tipos de lámparas que puede emitir este tipo de iluminación, existen varias opciones en el mercado: fluorescentes, de descarga, de cátodo frío, pero por supuesto también diodos LEDs, que es lo que en este blog nos interesa.

En FULLWAT, ya estábamos trabajando en el lanzamiento de una nueva línea de tiras de LED con radiación de luz Ultravioleta tipo C desde comienzos del otoño del 2019. Y es un hecho que en nuestra línea actual ya ofrecemos tiras de Led con ultravioletas del tipo UV-A desde hace más de 5 años. Por ello, en una segunda parte de este post, os mostraremos de forma más detenida las opciones que la tecnología LED nos ofrece en este rango completo de luz ultravioleta, incluidas las de tipo C.

De hecho, conviene señalar que algunas marcas de prestigio en el mercado de los LEDs ya se hallan muy avanzadas y poseen líneas de Leds UV-C actualmente en producción para poder usarlos en distintas aplicaciones germicidas y de desinfección, sobre todo con la intención de luchar contra bacterias y virus. Por ejemplo, La universidad americana Santa Barbara de California en colaboración con otras entidades de aquel país, han realizado estudios que se hallan muy avanzados en lo que respecta a este campo. El doctor Christian Zollner, especialista en materiales está centrado en el avance de la tecnología LED de luz ultravioleta profunda para el saneamiento y purificación de superficies, es decir usando UV-C.

Ahora que ya tenemos unas nociones básicas de cuales son los tipos de luz UV existentes, vamos al tema importante:

 

Por lo tanto… ¿Es capaz la luz o radiación ultravioleta de acabar con el virus COVID-19?

Como hemos visto anteriormente, es cierto que la luz UV-C es capaz de destruir la estructura molecular proteica de gérmenes, bacterias y hongos como por ejemplo  staphylococcis aureus, candida albicans, escherichia coil:

Sin embargo, en el caso concreto del COVID19 todavía no hay pruebas del todo fiables que apoyen esta afirmación.  Es sencillo pensar que como nos hallamos ante un virus con su estructura de cubierta  lipídica y extensiones proteicas, éste se verá afectado también por los rayos UV-C de igual manera. Sin embargo, lo cauteloso sería esperar a tener estudios concretos que lo confirmen.

De hecho, la mayoría de los expertos indican que, presumiblemente debiera ser así. Un reciente estudio de la “Iluminating Engineering Society” indicaba que “si el virus es directamente iluminado con el nivel mínimo de dosis efectiva, la radiación ultravioleta puede jugar un papel muy importante junto con otros medios de desinfección”. Sin embargo alertaba: “ la luz UV-C no debiera ser utilizada para desinfectar las manos. Es esencial que los individuos se protejan durante su uso, para evitar lesiones en piel y ojos debido a su peligrosidad”.

En el mismo estudio, se indicaba además que la eficacia destructiva y desinfectante de los UV-C se ve muy afectada por la naturaleza de la superficie sobre la que se aplican. “Las superficies lisas favorecen el proceso ya que es posible iluminarlas directamente. Pero las rugosas y porosas no tanto. Debido a su naturaleza, la exposición directa generaría sombras por lo que podría afirmarse que pudieran existir problemas para ser desinfectadas por este tipo de Luz”.

 

Y entonces, ¿en dónde se encuentra el problema?

Tal y como nos alertaban en el estudio: en la propia exposición sin control.

Veamos un ejemplo sencillo:

Es por todos conocido que la exposición continuada de la piel o de los ojos a la luz del sol, es capaz de causar problemas en la piel y ojos, como enrojecimiento, escozor, malestar e incluso quemaduras. En este caso, como hemos indicado anteriormente, la causante es principalmente la luz UV-A y UV-B, proveniente del propio sol (la UV-C es , en su mayoría, filtrada).

A medida en que la longitud de onda se reduce, la capacidad de penetración y destructiva de la luz ultravioleta aumenta proporcionalmente. Es fácil pensar que si los rayos UV-A (315-400 nm) y UV-B (280-315) son ya perjudiciales si nos pasamos de exposición, imaginemos lo que puede pasar si nos sometemos a una exposición incluso no demasiado larga, a los rayos UV-C (200-280 nm).

La respuesta reside en el hecho de que su capacidad de penetración en la piel y ojos, puede provocar quemaduras u otros problemas (los mismos que pueden producir en la piel los excesos de UV por medio de camas de bronceado y directamente del sol) multiplicados varias veces.

Por lo tanto, es esencial no exponerse a este tipo de luz sin la debida protección de ojos y cuerpo.

Por lo tanto, y debido a lo expuesto, el objetivo de este post es lanzar una llamada de atención sobre nuestros lectores para que, si en sus proyectos se encuentra la intención de usar este tipo de tecnologías led sean cautelosos.  Les recomendamos encarecidamente que contacten con sus distribuidores y otras fuentes si es necesario, para recabar la mayor información posible, debido la implicación en materia de seguridad que requieren este nuevo tipo de Leds llamados UV-C.

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